4ta. Parte
XII LA ASAMBLEA DE HASTINAPUR
Duryodhan había enviado espías a todos los países para que encontraran el escondrijo de los pandavas, mas su búsqueda resultó infructuosa. Uno tras otro fueron regresando a Hastinapur, donde se encontraba Duryodhan rodeado de sus hermanos, Radheya, Drona, Bishma y los hermanos Trigarta.
-¡Mi señor! -dijeron los espías-, hemos buscado a los pandavas por todo el mundo y no hemos podido dar con ellos. Los buscamos en todos los bosques y tampoco les pudimos encontrar. También fuimos a Dwaraka y no pudimos localizarlos allí. Además hablamos con las gentes del lugar y nadie parecía saber nada de ellos. Tampoco se encuentran en Panchala. Tenemos el sentimiento de que han muerto. Puedes disfrutar de este mundo sin que nadie se te oponga como rival. Durante nuestra vuelta por el mundo, llegó a nuestros oídos una noticia que se ha convertido en tema de conversación en todos los lugares; te interesará. Seguro que recuerdas a Kichaka, el jefe del ejército de los matsyas. Como sabes Kichaka había derrotado a los trigartas. Pues bien, Kichaka fue asesinado en mitad de la noche por un desconocido. Se dice que le mataron a causa de una mujer. Sus hermanos los upakichakas también fueron aniquilados por el mismo gandharva quien, según dicen, es el marido de esa mujer. Estas son las únicas noticias que hemos podido obtener. En cuanto a los pandavas, no hay rastro de ellos. No hay ningún signo que evidencie su existencia. Parecen haberse esfumado de la faz de la tierra.
Duryodhan, después de recompensarles por sus esfuerzos, hizo que se retiraran de su presencia y después de recapacitar unos instantes, dijo:
-Debemos intentar otra vez averiguar dónde han ido. Tenemos poco tiempo, pues en unos días finalizará su período de exilio y saldrán a la luz. Tenemos que encontrar su escondrijo. Si no lo logramos vendrán y reclamarán su reino. Enviaremos espías que sean más eficientes. Quizá como nos han dicho éstos, los pandavas hayan muerto. En cuyo caso sería magnífico.
Drona se levantó y dijo:
-Duryodhan, no albergues vanas esperanzas. Gente como Yudishthir y sus hermanos no pueden sucumbir a una muerte temprana, vivirán muchos años. ¿Por qué estás tan empeñado en localizar su escondrijo? Tú les hiciste ir de exilio al bosque con métodos nada limpios. Durante trece años has disfrutado de una riqueza que les pertenece. ¿Por qué no esperas a que acabe el año? Cuando ellos regresen y reclamen su reino, ¿por qué no se lo devuelves? Si lo haces, tu fama no tendrá fin.
Las palabras de Drona fueron seguidas por las de Bishma quien dijo:
-Lo que ha dicho este acharya es cierto. Los pandavas no pueden ser destruidos. No se les puede matar. Sé que mi consejo no os va a complacer ni a ti, ni a tu padre, pero aún así, hablaré. ¿Qué sentido tiene desperdiciar el aliento diciendo mil cosas? Lo resumiré todo en una sola frase: "Donde hay Dharma, hay victoria." Estás quemando tu energía intentando averiguar su paradero. Te daré una pista: dondequiera que viva Yudishthir, ese lugar será más próspero; no habrá lugar para que habite la envidia, ni rudas palabras de ira. La gente será temerosa de Dios, todos serán como Yudishthir y dondequiera que él more serán frecuentes las lluvias y las tierras tendrán excelentes cosechas. En su presencia las flores olerán más dulces y las frutas serán más jugosas y sabrosas. Allí las vacas darán leche más dulce y en esa tierra habrá siempre aires de fiesta. Así que si quieres averiguar donde se esconden los pandavas, envía a tus espías a buscar un país que reúna las glorias que te he mencionado. Solamente me queda ahora una cosa por decir. Hasta ahora he hablado como un cortesano en presencia de su rey, mas ahora hablaré como abuelo del joven rey: Duryodhan, siempre has sido querido para mí. He estado de tu lado incluso cuando sabía que estabas equivocado. Pero ahora escúchame. Los pandavas ya han sufrido suficiente. Tú eres un príncipe y tienes naturaleza real. Si lo deseas puedes ser magnánimo con ellos. ¿Por qué no decides devolverles su reino? Al igual que ellos, tú ya no eres un joven. Ya pasaron los días de tu vigorosa juventud. ¿Por qué no dejas que transcurran en paz los últimos años que queden? Dicen que la edad suaviza las mentes de la gente. ¿No puedes acaso hacer que al finalizar estos trece años, finalice también esta disputa? ¿por qué te destruyes a ti mismo?
A Duryodhan no le agradaron sus palabras y frunciendo el ceño dijo:
-No, abuelo, ¡eso jamás! No puedo desistir en mi lucha contra los pandavas. Ellos son mis enemigos. No les devolveré su reino. Removeré cielo y tierra para averiguar dónde se esconden y los enviaré de nuevo al bosque por otros doce años.
Tras esto Kripa dijo:
-Duryodhan, resulta evidente para todos nosotros que has decidido suicidarte. Se acerca el tiempo en que los pandavas saldrán de su eclipse y dices que has decidido no devolverles su reino. Evidentemente, esto implica haber decidido la guerra, en cuyo caso, lo único que hay que hacer es empezar a reunir tu ejército desde este momento. Averiguar quiénes son tus amigos y quién te apoyaría en esta guerra que es inminente. Los iracundos pandavas serán como terribles serpientes venenosas. No tendrán miramientos contigo. Así que debes comenzar tus preparativos desde ahora mismo. Queda poco tiempo; debes reunirte personalmente con los reyes y pedirles que se pongan de tu lado. Debes conseguir que cada uno de tus amigos prometa estar junto a ti cuando lo necesites. Necesitarás toda su ayuda y más, pues ya conoces a los pandavas.
Duryodhan vio que eran muy sensatos los argumentos de Kripa y se sentó en silencio durante largo tiempo; luego, de repente, se levantó y mandó llamar a los espías que habían venido antes. Les hizo que volvieran a relatar con todo detalle la muerte de Kichaka. Duryodhan, cuando acabaron de contar toda la historia, les dijo que se retiraran y después de pensar durante unos momentos, dijo:
-Sí, debe ser eso. En todo el mundo se sabe que únicamente hay cuatro personas que son más grandes que el mismo Indra, en fuerza, bravura, valentía y poder físico. Os diré quiénes son: Balarama, Bhima, Salya y Kichaka. No hay nadie más. Estos cuatro son competidores que ostentan estas cualidades, están igualados en todo. De aquí se deduce que los pandavas están vivos, porque Bhima está vivo. Y sabemos que Bhima está vivo, porque es fácil deducir que Kichaka fue aniquilado por Bhima. Ninguna otra persona podría haber matado a Kichaka. Considerar los hechos. Apenas hace un año llega al palacio de la reina de los matsyas una extraña mujer que habla de sus cinco maridos gandharvas. Cualquiera que tenga dos dedos de frente habría adivinado que esta mujer, esta Sairandhri, era Draypadi y ninguna otra. Ciertamente Draypadi es una bella mujer, eso no se puede negar. Y todos conocemos a Kichaka: nunca pudo resistirse a una mujer hermosa. Debió intentar hacer el amor con esta serpiente en forma humana que es Draypadi, y ella instigó a Bhima para que, disfrazándose de gandharva, asesinara a Kichaka. Nada puede explicar si no, la muerte del gran Kichaka. ¿Quién podría matarle en combate cuerpo a cuerpo sin ni siquiera utilizar armas? Solo puede haber sido Bhima. Además, fijaos en la forma en que le mataron; le aplastaron los brazos, las piernas y la barbilla contra el pecho. ¿No reconocéis en esto la técnica de nuestro amado primo? Es la forma de Bhima, es muy dado a esta técnica. El encuentro a medianoche en el salón de baile y el sigiloso asesinato demuestran que el secreto era su consigna, era esencial. La mujer y Bhima tenían mucho miedo de ser reconocidos. He aquí la descripción del cobarde asesinato de un hombre ingenuo enamorado de un monstruo. ¡Pobre desgraciado Kichaka! -Duryodhan continuó diciendo:- Ahora que lo pienso, todas esas descripciones que hacía nuestro amado abuelo cuando hablaba de cómo sería el país donde habitara Yudishthir, encajan con este reino de Matsya. Lo he podido deducir de lo que contaban estos ineptos espías. Ya hemos encontrado el escondrijo de nuestros queridos primos: Virata. Los pandavas están viviendo allí disfrazados. Vayamos inmediatamente al país de los matsyas e invadámoslo. Cogeremos todos sus rebaños, cuando el rey se encuentre en peligro seguro que los pandavas lucharán para ayudarle. Haremos salir a los pandavas como si fueran ratas; echando humo en sus ratoneras. Una vez hayan sido descubiertos antes de acabar su exilio de trece años, podremos enviarles al bosque por doce años más. Nuestro plan ya está elaborado. Por favor, haced todos los preparativos para atacar Matsya. Esta es nuestra sugerencia. Si hay alguna proposición mejor que ésta, nuestros oídos están ansiosos de escucharla. Susarma, el rey de los trigartas, que había estado haciendo comentarios con Radheya y Dussasana, tomó la palabra y dijo:
-Mi señor, siempre he sentido animadversión hacia este reino de Matsya, pero con la ayuda de Kichaka, el rey de los matsyas me ha derrotado una y otra vez. Ahora que Kichaka ha muerto me será fácil invadir el reino y capturar todos los ganados del rey. Su reino es ciertamente rico. Ahora el rey de Virata está completamente indefenso, ya que Kichaka, el jefe de su ejército, ha muerto. Quiero unirme a ti en tu expedición contra el reino de los matsyas. Te seré de una ayuda inmensa en este ataque contra Virata.
Radheya dijo:
-Susarma tiene razón. Si se me permite hacer una sugerencia, dividamos en dos nuestro ejército combinado e invadamos el país de nuestros enemigos desde dos direcciones diferentes. Así podremos estar seguros de nuestra victoria. Duryodhan escuchó a ambos y dijo:
-Dussasana, reúne nuestro ejército, queda muy poco tiempo. Deja que nuestro honorable abuelo, Kripa, Drona y Aswatthama dirijan nuestro ejército. Yo mismo y Radheya, junto con Sakuni, estaremos allí sin falta y también tú con tus hermanos. Dejad que Susarma vaya allí mañana con su ejército y les ataque llevándose todos sus rebaños. El atacará el lado sur de Virata. El rey, por supuesto, defenderá sus rebaños y los pandavas vendrán en su ayuda. Nosotros, los kurus, llegaremos a las afueras de la ciudad y al día siguiente del ataque de los trigartas, iremos y nos apoderaremos de los rebaños de la parte norte de la ciudad. Así podremos tener éxito en todas nuestras empresas: la conquista del reino de los matsyas, la obtención de todos sus ganados y el desenmascaramiento de los pandavas. Así pues, queda decidido que Susarma ataque Virata el octavo día después de la luna nueva y nosotros lo haremos el noveno día. Disolvamos ahora la asamblea.
La sala de consejo quedó vacía y con una celeridad febril comenzaron los preparativos para la invasión de Virata. Susarma se dirigió a su ciudad a reunir a su ejército. El corazón de todos estaba lleno de emoción.
XIII LOS TRIGARTAS ATACAN VIRATA
Las vacas de Virata estaban siendo robadas, y los pastores no podían hacer nada para protegerlas, pues el asalto había sido repentino. Se estaban llevando las vacas delante de sus propios ojos sin que pudieran hacer nada. Estaban indefensos contra la lluvia de flechas y lanzas que les arrojaban, así que dejaron los establos y corrieron a la corte del rey ante quien se lamentaron diciendo:
-Mi señor, ven a ayudarnos. Han entrado enemigos en la ciudad y se han llevado todas las vacas de los establos. Inmediatamente después de oír esto, el rey reunió un gran ejército y fue en busca de los ofensores. Era un ejército compuesto de elefantes, caballos, carros y soldados de a pie. El rey también tenía a sus hermanos Satanika, Madirasma y Suryadatta para ayudarle. Viresanka, el hijo mayor de Virata, también se preparó para ayudar a su padre. Todos ellos, vestidos con espléndidas cotas de malla, se dirigieron a luchar contra el enemigo.
Cuando trajeron los caballos para el carro real, Yudishthir se acercó al rey y le dijo:
-Entre mis diversas habilidades, luchar es una de ellas. Conozco el arte de la lucha, ya sea en un carro o a la grupa de un caballo. Valala, este cocinero tuyo, es también un gran luchador, al igual que estos dos hombres que guardan tus caballos y tus vacas. Si lo permites, nos prepararemos para luchar contra tu enemigo y así ayudarte.
El rey, contento de contar con la ayuda de estos hombres, llamó a Satanika y le dijo: -Consigue armas y carros para estos cuatro hombres. Kanka dice que son buenos luchadores. Apresúrate equípales para la lucha. Todos estaban preparados y Yudishthir sintió que estaba haciendo lo correcto, pues era lo justo que correspondieran a la bondad del rey que les había dado un techo durante los últimos meses; además, también sabía que el rey iba a necesitar de su ayuda pues el enemigo era Susarma, el trigarta, cuya fama era grande. Yudishthir ya había oído hablar de él por boca de Arjuna.
El ejército dejó la ciudad y se dirigió hacia el campo de batalla. Comenzó la lucha. Los hermanos trigarta eran unos luchadores muy poderosos. Si Kichaka hubiera estado vivo habría derrotado a su ejército fácilmente, pero sin él el rey se encontró con un formidable enemigo. El campo ya estaba sembrado de soldados muertos. Fue una gran fortuna que los cuatro pandavas se hubieran ofrecido para ayudar a Virata, pues combatían como el fuego devorando un bosque, por dondequiera que pasaban les seguía la destrucción. A Susarma le sorprendió que Virata estuviera ofreciendo tanta resistencia a su asalto y estaba asombrado de la manera tan excelente en que estaba luchando el ejército de los Matsyas. Yudishthir se había hecho cargo de todo el ejército. Lo había dispuesto en una falange en forma de águila. El ocupaba la cabeza; Nakul y Sahadev guardaban las alas y Bhima estaba en la cola. De esta forma podían atacar al enemigo muy eficazmente. Yudishthir aniquiló a miles de soldados. Bhima mató el doble mientras que los gemelos eran todavía más terribles, pues el número de las víctimas de Nakul eran tres veces más que las de Yudishthir, y las de Sahadev eran cuatro veces más. Satanika estaba emocionado de ver la excelente ayuda que le proporcionaban los pandavas y él también combatió bien. Virata se movía con rapidez cortando el camino al ejército enemigo, cual hoz que siga un campo de maíz. Se encontró con Susarma y se produjo un duelo singular entre ambos. El polvo que se levantaba de la tierra cubría el campo de batalla y casi ocultaba la luz del sol, por lo que todo el campo quedó oscurecido. Susarna el trigarta, aprovechando la repentina oscuridad que cayó sobre el campo, capturó al rey de los matsyas. El arco de Virata quedó partido en dos y Virata estaba indefenso. Una vez capturado, le sacaron de su carro y le llevaron al de Susarna. La oscuridad fue desapareciendo y los soldados vieron que su rey había sido capturado. Cundió el pánico entre ellos y todos empezaron a huir del campo de batalla.
Yudishthir, viendo lo que ocurría, dijo a Bhima:
-El rey ha sido capturado por Susarma, el cual cree que el rey está indefenso. Quiero que vayas a rescatar a Virata. A lo que Bhima dijo:
-Seguro, ese tonto no se imagina quiénes protegen al rey. Por supuesto, iré a rescatar al rey.
Dicho esto, Bhima, viendo un árbol cercano intentó arrancarlo de raíz, pero Yudishthir sonriendo le dijo:
-Por favor, Bhima, no hagas eso. No hagamos nada por lo que podamos ser reconocidos. Si usas tu técnica, estoy seguro de que Susarma adivinará quién eres. Lucha como los demás y lleva a cabo tu tarea. ¡Deja ese árbol en paz!
Bhima, riéndose a carcajadas, dijo: -Tienes razón, mi señor, allá voy.
Bhima y sus hermanos Nakul y Sahadev subieron a sus carros y se dirigieron apresuradamente en busca de Susarma. Yudishthir les siguió y los cuatro desafiaron al trigarta. Virata, al ver a los cuatro guerreros combatió con vigor renovado y levantando su maza luchaba con Susarma dentro del mismo carro. Antes de que se quisieran dar cuenta Bhima ya había saltado al carro de Susarma el trigarta y le acosaba diciendo:
-Has estado atacando a nuestro rey y a nuestros rebaños, has herido a los pobres inocentes que guardaban el ganado y sin ningún motivo ni provocación por nuestra parte has provocado la guerra contra los matsyas. ¿No debería acaso matarte por esto?
Bhima le derrotó fácilmente dejándole inconsciente y le ató de pies y manos. Luego liberó a Virata y llevando a Susarma a su propio carro le trajo ante Yudishthir, quien riéndose de su víctima dijo a Bhima:
-Suelta al pecador. Pero Bhima no lo hizo y dijo: -Susarma, si tienes deseo de vivir, debes admitir delante de toda esta gente, de tus soldados y de los nuestros, que eres un esclavo de nuestro rey. Esas son las normas de la guerra y debes seguir las reglas.
Yudishthir sonriendo a su hermano le dijo:
-Déjalo, no continúes insultándole. Desde que ha sido derrotado, él ya es un esclavo. No le humilles pidiéndole que lo admita, suéltale.
Susarma, con el rostro encendido de vergüenza, se retiró de su presencia. Habían recuperado el ganado y habían derrotado al enemigo. Virata estaba muy complacido con los cuatro pandavas y pasaron la noche en las tiendas de campaña que levantaron en el campo de batalla.
Virata no encontraba palabras para alabar a Yudishthir y dijo:
-No sé cómo voy a recompensaros por vuestra ayuda. Fuisteis vosotros cuatro quienes ganásteis hoy esta guerra para mí. De no ser por vuestra oportuna intervención, hubiera sido yo la víctima de Susarma. Os daré todo lo que poseo. Decidme cómo puedo pagaros.
Yudishthir dijo:
-Estoy contento de que te hayamos sido de ayuda. Lo que hicimos era nuestro deber. Tú nos has ayudado durante todos estos meses y esto fue solamente nuestra forma de demostrar nuestra gratitud. No tienes que pagar nuestra "bondad", como tú te complaces en llamarla, pues no hemos hecho nada extraordinario.
Virata, sin embargo, no estaba satisfecho y quería darles todo lo que poseía y dijo:
-Cuando pienso en el valor de Valala, no tengo palabras para expresarme. Debo recompensarle.
Yudishthir le dirigió dulces palabras y le pidió al rey que enviara mensajeros a la ciudad anunciando su victoria y también encargó que se hicieran los preparativos para la entrada triunfal del rey en la ciudad. Pasaron una noche muy feliz en el campo de batalla. Y después de haber salido el sol, decidieron encaminarse a la ciudad.
XIV UTTARA KUMARA, EL JOVEN PRINCIPE
Según habían programado, los kurus atacaron la ciudad por el lado norte al día siguiente del ataque de los trigartas. Los pastores, que habían sido tomados por sorpresa sin poder defender las vacas, se apresuraron a ir al palacio a contar lo sucedido. Entraron al palacio mas no encontraron a nadie, más que al joven hijo de Virata, llamado Bhuminjaya y más conocido por el nombre de Uttarakumara. Los pastores fueron a él y le contaron el estrago que había causado el asalto de los kurus y le dijeron:
-Tu padre ha salido a combatir contra el ejército de los trigarta. Ahora tú debes venir a socorrernos y ayudarnos a recuperar nuestras vacas. Por favor, prepárate para luchar; no te demores pues los enemigos ya se han alejado bastante. Tendrás que darles alcance y traer las vacas de vuelta. El rey cree que tú eres merecedor de un padre como él, así que, por favor, ven inmediatamente. A ti te gusta tocar la vina, pero ahora déjala a un lado y empuña la vina llamada arco y toca dulces notas en la cuerda de este arco para sembrar con tu música el miedo en los corazones del enemigo. Por favor, ¡apresúrate!
El príncipe, que estaba sentado en medio de las mujeres del palacio, dijo:
-Ciertamente, iré ahora mismo y atacaré a los enemigos. Cogeré mi poderoso arco y destruiré enteramente las huestes de los kurus, pero ahora me encuentro en una situación terrible, pues no dispongo de ningún conductor para mi carro que esté lo suficientemente preparado como para introducir mis caballos en medio de las filas enemigas. Todos sabéis que tener un buen auriga supone tener ganada media batalla. Sin él, pocas posibilidades tengo de ganar la batalla, Debe ser una persona capacitada y estar acostumbrado a conducir el carro de un héroe como yo. Mi propio auriga fue recientemente aniquilado en la gran guerra en la que combatí durante veintiocho días y veintiocho noches. Os pido a todos que me consigáis inmediatamente un buen conductor. Por lo demás, no me preocupan los enemigos. Si tengo un buen auriga, podría batirme mano a mano con Bishma, Drona, Kripa, Aswatthama y Radheya. Eso no me preocupa lo más mínimo. Puedo aniquilarlos a todos y rescatar las vacas en apenas un instante. La gente que me vea luchando dirá: "¿Es éste Arjuna? Pues nadie sino él podría luchar así." Estoy seguro de eso. Por favor, conseguidme inmediatamente un buen carro.
Draypadi, que estaba allí junto con las otras mujeres, no podía soportar oír la fanfarronería de este príncipe que pretendía igualarse a Arjuna. Arjuna contempló su ira y sonrió para sí mismo. Se las arregló para estar unos momentos a solas con ella y le dijo:
-He visto cómo te enfurecías y te agradezco mi aprecio por mí, mi dulce reina. Ahora debes ir a ver a Uttaraa, la princesa, y decirle que Brihannala fue el conductor del carro de Arjuna cuando éste luchó con Indra en el incendio del bosque Khandava. Dile que puede ir y decirle esto a su hermano. Háblale de la grandeza de Brihannala. Pídele que me proponga a mí como el conductor del carro del príncipe. Veremos que es lo que él hace después.
Draypadi hizo lo que Arjuna le dijo y dirigiéndose a la princesa Uttaraa le dijo:
-Dice tu hermano que no puede luchar ya que cree que no hay nadie suficientemente capacitado para conducir sus caballos. -Pues bien, yo sé de alguien que puede hacerlo:
Brihannala es un buen conductor. Sé que fue él quien condujo el carro del mismísimo Arjuna cuando éste luchó contra Indra durante el incendio del bosque Khandava. Por eso pudo Arjuna derrotar a Indra. Conozco la bravura de Brihannala y si él toma las riendas de los caballos de tu hermano nadie podrá derrotarle. Todos los enemigos serán abatidos. Todos los kurus, devas y gandharvas serán aniquilado fácilmente.
De eso puedes estar segura. Por favor, dile a tu hermano que tome a Brihannala como su auriga.
La princesa se puso muy feliz y se apresuró a ir ante su hermano a quien dijo:
-Mi querido hermano, ya puedes prepararte para la lucha, pues he encontrado un conductor seguro para tu carro. Sairandhri me ha dicho que nuestro maestro de danza, Brihannala, es la persona que buscamos. Sairandhri dice que Arjuna ganó la batalla contra Indra teniendo a Brihannala como el conductor de su carro. Apresúrate, hermano; prepárate.
Después de oír esto, Uttarakumara llamó a Sairandhri ante su presencia, la cual le habló de Brihannala, de quien ella prodigó mil alabanzas. El príncipe respondió:
-Brihaunala no es hombre ni mujer. ¿Cómo yo, que soy un puro kshatrya, puedo tener a una mujer como conductor de mi carro? No creo que sea lo correcto. Estaría por debajo de mi dignidad tener a una mujer al mando de las riendas de mis caballos. Tendré que abandonar la idea de luchar. Sairandhri dijo:
-Quizá tengas razón, pero en una emergencia como ésta, no debes quedarte en pequeños detalles. Tu padre ha salido a luchar y durante su ausencia ha surgido esta emergencia. Depende de ti, que eres un verdadero kshatrya, el comportarte como un hijo digno del padre que tienes. Estos pequeños detalles no se deben considerar en ocasiones como ésta. Por favor, llama al auriga Brihannala para que se apersone ante ti.
Uttarakumara tuvo que acceder. Su hermana permanecía de pie a su lado orgullosa de él y de su inminente combate con el ejército kuru. El se dio cuenta que estaba siendo considerado como un héroe por todas las mujeres y tuvo que mantener esa imagen, así que pidió a la princesa que llamara a Brihannala. Al rato entró Arjuna en el salón con pasos temblorosos. Parecía como si fuera a desmayarse de timidez. Uttarakumara le dijo:
-Sé por Sairandhri que tú fuiste el conductor del carro de Arjuna y ella dice que tú eres el mejor de todos los aurigas. Matali el auriga de Indra. Daruka el de Krishna y Sumantra el de Dasaratha son insignificantes si se los compara contigo.
Eso es lo que dice Sairandhri. Quiero que tú seas el conductor de mi carro pues debo ir ahora a combatir contra las huestes del ejército kuru. Por favor, prepárate.
Arjuna sonrió tímidamente y dijo:
-Mi señor ¿qué puedo saber yo de lucha? Únicamente sé cantar y bailar. Temo que no pueda hacer nada para ayudarte.
Uttarakumara le respondió:
-Sairandhri me ha dado una versión diferente de tus habilidades. No queda tiempo para modestias. Prepárate; debo partir inmediatamente hacia el campo de batalla.
La princesa trajo para Arjuna un vestido brillante como el sol. El simulaba no saber cómo ponérselo e hizo tantas burlas de sí mismo en sus intentonas de ponerse el traje, que todas las muchachas del salón se reían de él. Las carcajadas retumbaban en los oídos de todos. Por fin, exasperado, el mismo príncipe vino y con sus propias manos puso la armadura a Brihannala. Esto era lo que quería Arjuna. No vestirse por sí solo, por lo menos cuando tuviera que salir a luchar. Luego dijo a Uttarakumara:
-Estoy listo, mi señor, te llevaré donde tú quieras ir. Puedes combatir contra los kurus cuerpo a cuerpo. Estoy esperando contemplar el glorioso espectáculo. Partamos, mi señor.
Se despidieron afectuosamente de todos los presentes. El carro iba a traspasar las puertas de palacio cuando la princesa Uttaraa corrió y dijo:
-Brihannala, cuando regreses, no olvides traerme bellas sedas y prendas de los enemigos, una vez los haya derrotado mi hermano.
Arjuna sonrió y le dijo:
-No lo olvidaré, mi pequeña princesa. Prometo que te traeré las bellas sedas que visten los héroes kurus.
Tras esto se pusieron en marcha hacia la dirección en que se habían ido los kurus llevándose los rebaños.