La Búsqueda amorosa del Sirviente Perdido

CAPITULO DOS

El medio ambiente

Devoción por Krishna quiere decir sacrificio, “morir para vivir”. A través de la devoción por Krishna, todas nuestra concepciones de vida mundana, egocén­trica, interesada, desaparecerán por completo.

sarvopadhi-vinirmuktam
tat paratwena nirmalam
hirsikena hirsikesa
sevanam bhaktir uchyate

Narada Pancharatra

“Devoción pura es servicio al Señor Supremo desprovisto de toda concep­ción relativa de interés personal”.
En su Bhakti-rasamrita-sindhuh, Srila Rupa Goswami cita este verso de los antiguos Puranas. Upadhi quiere decir: “Todos los conceptos limitados de interés personal”. Debemos estar completamente libres de todos los upadhis.
Rupa Goswami también nos da un verso paralelo que define qué es bhakti:

anyabhilasita-sunyam
jnana-karmady-anavrtam
anukulyena-krsnanu
silanam bhaktir uttama

“Servicio devocional puro es el cultivo favorable de la conciencia de Krishna libre de todo vestigio de motivos ulteriores, tales como karma, actividades con fines de ganancia personal, jñana, logros intelectuales, y así sucesivamente”. Bhakti, la devoción, debe estar libre de todo deseo pasajero (anyabhilasa), tales como karma, el esfuerzo organizado con fines de elevación personal, y jñana, el esfuerzo para depender de nuestra propia habilidad, conocimiento y conciencia para alcanzar la meta última. El intento por situarnos como el sujeto, convertirnos en el juez de nuestro propio destino, es jñana. Aquí, adi quiere decir yoga y otras cosas externas. Todas ellas son coberturas superficia­les (avritam). Sin embargo, estos elementos no se encuentran en el alma pro­piamente dicha. El alma es el eterno esclavo de Krishna (Krishna-nitya-dasa).
Mahaprabhu dijo: jivera ‘swarupa haya-krishnera ‘nitya-dasa, “la naturaleza innata del alma jiva es ser el esclavo de Krishna”.
Para comprender al Absoluto debemos llegar al criterio de la esclavitud; no se aceptará menos. Debemos someternos como esclavos al juego de Su dulce voluntad.
En una oportunidad, el gobierno británico agasajó al shah persa, el rey de Persia. Lo invitaron a Inglaterra y trataron de agradarle de diversas maneras para ganar su simpatía y lograr que no se aliara al zar de Rusia. Le mostraron muchas cosas y en un momento dado le llevaron al lugar en donde se decapi­taba a los condenados a muerte. Se le mostró al shah el lugar de ejecución y se le explicó que allí habían sido decapitados muchos grandes hombres, incluyendo un rey, Carlos Primero. El rey de Persia exclamó: “¡Oh, traigan a alguno y decapítenlo! Quiero divertirme viendo cómo fue hecho”.
Los británicos quedaron atónitos: “¿Qué está diciendo? ¿Debemos asesinar a un hombre sólo para divertirle? ¡De ninguna manera!” Dijeron. “No pode­mos permitirlo. La ley británica no permite que se decapite a un hombre de este modo”. El shah dijo: “¡Oh! Ustedes no comprenden cuál es la posición de un rey. Yo soy un monarca persa, ¿y ustedes no pueden sacrificar la vida de un hombre para complacerme? Esta es una afrenta. De todas maneras, si no es posible para ustedes, yo proporcionaré a uno de mis propios hombres. Tomen a uno de mis asistentes y enséñenme como se ejecuta a la gente aquí en su país”.
Con humildad, ellos explicaron: “Su alteza, la ley de nuestra nación no lo permite. Usted puede hacerlo en su propio país, pero aquí, sus hombres tampoco pueden ser asesinados sólo para complacer a un hombre”. El shah replicó: “Entonces ustedes no saben lo que es un rey”.
El significado de esclavitud es este: Un esclavo no tiene posición alguna; por el dulce deseo de su amo se le puede sacrificar. Por supuesto que en el plano material inferior estas cosas pueden ser muy abominables e inconcebibles, pero debemos comprender que en principio, en el reino superior de la Divini­dad, los sirvientes del Señor exhiben semejante grado de sacrificio. Tal es la profundidad de su amor que están preparados para sacrificarse plenamente, a morir para vivir, por la más leve satisfacción o capricho de Krishna. Pero debe­mos recordar que cualquiera que sea Su deseo, El es el Bien Absoluto. Así que en realidad no morimos por ese sacrificio, sino que vivimos al permitírse­nos la entrada en un plano más elevado de dedicación.
En el Srimad-Bhagavatam (7.5.23,24), está escrito:

sravanam kirtanam visnoh
smaranam pada-sevanam
arcanam vandanam dasyam
sakhyam atma-nivedanam

iti pumsarpita visnau
bhaktis cen nava-laksana
kriyeta bhagavaty addha
tan manye 'dhitam uttamam

“Escuchar, hablar acerca de Krishna, recordarle, servir a Sus pies de loto, ado­rarle en la forma de Deidad, orar, convertirse en Su sirviente, cultivar Su amistad y rendirse a Él completamente, son los nueve procesos de la devo­ción. Aquel que cultiva estos nueve procesos devocionales, ofrendándose a Krishna sin reservas, puede alcanzar fácilmente la meta suprema de la vida”. ¿Cuales son las diversas clases de sadhana? ¿Cuales son los medios para lograr Krishna-bhakti? ¿Cómo podemos revivir nuestro amor innato por Krishna? Se nos dice que escuchemos acerca de Él, que hablemos acerca de Él, que meditemos en Él, que le alabemos, y así sucesivamente.
Sin embargo, en su comentario sobre este verso, Sridhar Swami explica que no debemos esperar los beneficios que derivaremos de sravanam-kirta­nam, escuchar, hablar o pensar acerca de Krishna. Antes bien, debemos orar: “Que cualquier servicio que yo ejecute, llegue a mi Señor. Yo no soy el disfru­tador. Él es el único propietario”. Todas estas funciones (sravanam-kirtanam, etc.), sólo se considerarán devocionales si se llena un requisito. De lo contrario, podrían ser karma, jñana, yoga o cualquier otra cosa. Incluso podrían ser vikarma, acciones contaminadas. Tiene que haber allí una condición para garantizar que todas estas formas de actividad devocional sean realmente bhakti: Somos de Su propiedad, no somos dueños de riqueza o propiedad alguna. Debemos pensar: “Mi Señor es el propietario y yo soy Su posesión. Todo le pertenece”.
Krishna dice: aham hi sarva-yajñanam, “yo soy el único disfrutador de toda acción. Debes estar plenamente consciente de esta realidad”. Es una verdad irrevocable que la devoción no es algo barata. El servicio devocional puro, suddha-bhakti, es superior a mukti, liberación. Por encima del plano negativo de la liberación, en el lado positivo, Él es el único amo, el Señor de todo.
Él es el Señor de la tierra de la dedicación. Debemos tratar de obtener una visa para entrar allí, en donde Su dulce voluntad es la única ley. Es muy fácil pronunciar la palabra “Absoluto”, pero si profundizamos en el significado de la palabra, tenemos que reconocer que Su dulce voluntad lo es todo. Para obtener una visa al mundo de la realidad, tenemos que reconocer esto.
Y este principio es particularmente cierto en Goloka, en donde se exige completa rendición. En Vaikuntha hay alguna consideración de justicia, hay cierta indulgencia para aquellos que entran allí; pero Goloka es muy estricta. Allí se demanda completa rendición. Por lo demás, su atmósfera es muy libre. Después que uno ha sido probado y los superiores se sienten satisfechos que las almas que han llegado son totalmente abnegadas, entonces ganamos su confianza. Y cuando se ve que uno es totalmente rendido, hay allí completa libertad; uno puede hacer cualquier cosa.

Azotando a Krishna

Es tan grande la libertad que hay en ese lugar que Yasoda, la madre de Krishna, le azota. Si investigamos a fondo la posición de Yasoda, llegaremos al plano de “morir para vivir”. Yasoda puede abrazar la muerte millones de veces para secar una gota de sudor en la frente de su hijo. Ella siente tanto afecto por Krishna que está dispuesta a morir un millón de veces antes que ver el sudor del trabajo en Sus sienes. Y esa conciencia está detrás de todo lo que hace. Es por eso que a ella se le concede tanta independencia que hasta puede azotar a Krishna. Así es el juego del Absoluto.
Si tenemos una idea de la amplitud y profundidad ilimitadas del Absoluto, ¿cómo podemos valorar algo de lo que hay aquí? Los Himalayas pueden ser muy grandes de acuerdo con nuestros patrones, pero para el Infinito los Himalayas son tan pequeños, que ni siquiera pueden verse. Todo en este mundo es relativo. No debemos permitir que ningún acontecimiento nos intimide. Debemos seguir adelante en nuestra marcha hacia la verdad. Pode­mos fallar en cualquier momento, en cualquier lugar; pero no importa. Podría ser la voluntad de nuestro Amo. Aun así, no tenemos más alternativa que procurar Su misericordia, Su gracia.
Esta es nuestra posición natural. Incluso constitucionalmente, no tenemos posibilidad de vivir separados de Él. Si por ignorancia a veces pensamos que es posible permanecer separados de Él, no es más que demencia transitoria. Intentarlo sería crear más perturbaciones, estar cubiertos por la ignorancia.
Mientras somos ignorantes, podemos estar interesados en muchas cosas que no tienen ningún valor. Pero en realidad es como en un juego: Hay muchos participantes jugando, unos tienen que ganar y otros tienen que perder. Sin embargo, se nos dice que debemos aceptar la victoria o la derrota en la modalidad de un jugador. Todo es el juego de Krishna. Él está llevando a cabo Su lila. Cuando pensamos que algo representa una gran pérdida o ganancia, no estamos viendo el lila del Señor. En tal caso, nos encontramos fuera de la corriente divina, no estamos en armonía con la corriente del lila. Parece entonces como si la realidad no fuera Su lila y encontramos otra razón de ser, percibimos otros objetos, concebimos intereses relativos y descubrimos la pérdida y la ganancia, la victoria y la derrota, y tantos otros conceptos erró­neos. No obstante, todo es parte de Su lila, y este es nirguna, sin tachas. En ese plano todo es correcto, todo es perfecto. Cada pequeño movimiento es completamente perfecto.

Te maldeciré

Una vez, después de la batalla de Kuruksetra, el brahmana Utanka se acercó a Krishna y dijo: “Krishna, yo te maldigo”. Krishna preguntó: “¿Por qué deseas maldecirme, Mi querido brahmana?” Utanka contestó: “Porque eres la causa de todas las calamidades de Kuruksetra. Por Tu culpa hay tantas viudas y niños llorando desconsoladamente. Su aflicción no tiene fin y Tú eres la causa”.
Krishna replicó: “Puede que hayas reunido algún poder a través de tus peni­tencias en sattva-guna, pero todo se terminará si me maldices. Tu maldición no producirá resultado alguno en Mí porque Yo estoy situado en el plano nirguna”. Esta es la naturaleza del plano nirguna. Es ahaituki apratihata: No tiene causa y no puede ser detenido. Es incontenible. Bhakti, devoción, es la onda del plano más esencial, donde todo sigue la dulce voluntad del Centro, nirguna. Esa corriente divina no tiene causa alguna y no se le puede hacer oposición. Debemos tratar de ubicarnos en ese plano. Bhakti es nirguna, más allá de la influencia de la naturaleza material, y es ahaituki, sin causa. Esa corriente divina fluye perennemente. Y es apratihata: Nadie puede detenerla jamás. Bhakti nunca puede ser detenido por nadie, es irresistible.
Esta es la naturaleza de la corriente de la devoción. Cualquiera que asume su posición de conformidad, en armonía con esa corriente, descubrirá lo mismo: Que jamás se la puede detener ni se le puede hacer oposición con éxito. De acuerdo con el Srimad-Bhagavatam (1.2.6) la naturaleza del bhakti es esta:

sa vai pumsam paro dharmo
yato bhaktir adhoksaje
ahaituky apratihata
yayatma suprasidati

Bhakti es la función suprema del alma (paro dharmo). Nuestro deber acá debe tener su origen en el plano del bhakti. Debemos ser capaces de leer, atrapar y utilizar esa corriente. Debemos danzar en las olas de esa corriente. El deber más elevado de cada uno será la completa rendición al poder causal indetectable e invisible, el cual no tiene causa, ni rima, ni razón de ser. Es automático, eterno y no hay fuerza que pueda oponérsele.
Sólo entonces encontraremos la más grande satisfacción de nuestra alma. Sólo experimentaremos verdadera satisfacción cuando entremos en contacto con esa onda completamente esencial y armoniosa. Entonces podremos experimentar el éxtasis más elevado. Eso es bhakti.
Después de llegar a este gran concepto de la vida, los obstáculos que ten­gamos que salvar no serán más que pequeñas pérdidas y ganancias, victorias y derrotas. No debemos permitir que ellas interrumpan nuestra marcha hacia la verdad.

Bhagavad-gita

En el Bhagavad-gita (2.47) Krishna le dice a Arjuna:

karmany evadhikaras te
ma phalesu kadachana
ma karma-phala-hetur bhur
ma te sango' stw akarmani
 

“Concéntrate plenamente en la ejecución de tu deber y no en el resultado de tu trabajo. El resultado es Mío. Toda la responsabilidad es Mía”. El cálculo superior es así. Los generales dicen: “¡Marchen! ¡Al frente! ¡Adelante! Ustedes tienen que ir. Son mis soldados. Deben hacer cualquier cosa que yo les pida. Pueden morir y la victoria podría llegar después. Eso no es asunto suyo. Ustedes son soldados. Muchos de ustedes pueden desaparecer, pero la nación en conjunto ganará”. De esta manera, muchas vidas importantes pueden ser sacrificadas.
Como soldados, no tenemos derecho a calcular si a la larga ganaremos o perderemos. Debemos ser muy cuidadosos acerca de dos cosas: No debería­mos pensar que de no poder gozar de los frutos de nuestra labor, no hay ninguna razón para trabajar; al mismo tiempo, no debemos pensar que tene­mos que recibir una parte de los frutos. Teniendo esto presente, debemos continuar cumpliendo con nuestro deber hacia Krishna. Eso es devoción y ese es el significado del Bhagavad-gita.
El Bhagavad-gita dice: “Tú no puedes cambiar el medio ambiente. Si deseas paz, tienes que adaptarte a él”. Aquí se encuentra la esencia del con­sejo del Bhagavad-gita: Trata de adaptarte al medio ambiente, porque tú no eres el controlador del mismo. Toda tu energía debe ser dirigida a regularte a ti mismo y no al mundo exterior. Esta es la llave del éxito en la vida espiritual.
El bhakti no depende del medio ambiente ni del comportamiento de los demás. Es ahaituki apratihata. Nada puede enturbiar esa corriente excepto nuestro ego. Yo soy mi mayor enemigo.

uddhared atmanatmanam
natmanam avasadayet
atmaiva hy atmano bandhur
atmaiva ripur atmanah

“Podemos elevarnos o degradarnos. Somos nuestro mejor amigo o nuestro peor enemigo”. No hay fuerza externa que pueda detenernos si somos since­ros. Por supuesto que en el caso de los principiantes hay cierta necesidad de un medio ambiente adecuado para el cultivo espiritual, pero hasta eso depende de la naturaleza de su sinceridad o sukriti: na hi kalyana-krit kascid durgatim tata gacchati. Aquí, Krishna da la seguridad. Él dice: “Yo estaré allí para cuidar de ti en cualquier circunstancia desfavorable. Yo soy omnisciente. También soy omnipotente. Por lo tanto, si alguien se dirige hacia Mí, Yo cuidaré de él”. Y esto lo podemos ver en la historia, en los casos de Dhruva, Prahlada y tantos otros. La sinceridad es invencible. Incluso los obstáculos pueden mejorar nuestra posición si podemos tomarlos en la forma correcta. Desde un ángulo de visión más elevado, podemos ver que todo viene a ayu­darnos.

tat te 'nukampam susamiksamano
bhunjana evatma-krtam vipakam
hrd-vag-vapurbhir vidhadhan namas te
jiveta yo mukti-pade sa daya bhak
 

El Srimad-Bhagavatam (10.14.8) nos da una sugerencia muy esperanza­dora para todas las etapas de la vida: Cúlpate a ti mismo y a nadie más. Preserva tu aprecio por el Señor viendo todas las cosas como Su gracia. Ahora pensamos que nuestras circunstancias son indeseables porque no se adaptan a nuestro gusto actual. Sin embargo, los medicamentos no siempre son agradables para el gusto del paciente; pero le conducen a la salud. Este verso nos da la regla más elevada que se ofrece en las Sastras. Si tú puedes observar esta ley, en corto tiempo alcanzarás una posición muy buena. Debemos cuidarnos de no culpar a las circunstancias, sino apreciar que Krishna está detrás de todo. Krishna es mi mejor amigo. Él está en el trasfondo de todo. Todo pasa ante Su atenta mirada. Por consiguiente, no puede haber allí ningún defecto.
Incluso Srimati Radharani dice: “No se le debe culpar a Él. Esta larga sepa­ración de Krishna no es más que el resultado de mi destino. No se le debe culpar por ello”. Aunque externamente todos admiten que Él abandonó a las gopis de manera cruel, Radharani no está dispuesta a culpar a Krishna. “No hay mal alguno en Él”, piensa ella. “Tiene que haber algo malo en mí que ha provocado esta desafortunada situación”. Radharani también armoniza de esta forma la rivalidad entre los grupos de gopis en el servicio a Krishna.
Krishnadas Kaviraj Goswami ha explicado este punto tan importante. Según él, no es que a Radharani le disguste que otro grupo sirva a Krishna en compe­tencia con ella, sino que siente que no pueden satisfacer a Krishna como ella lo hace. Hay que señalar esto con mucho cuidado. Ella sabe que las otras no pueden satisfacer a Krishna debidamente y por lo tanto no puede apreciar los esfuerzos que hacen para tomar su lugar. Ese es su argumento. Ella piensa: “Si ellas pudieran servir bien a Krishna y satisfacerlo plenamente, yo no tendría queja alguna. Pero no pueden hacerlo. ¿Y no obstante vienen a servir en una actitud agresiva? ¡No puedo permitirlo!”

El brahman leproso

Como ejemplo de esta clase de devoción, Kaviraj Goswami cita una refe­rencia histórica de los Puranas. Había una vez una esposa muy casta cuyo esposo brahman era leproso. Ella siempre se esmeraba en servirle. Cierto día, mientras bañaba a su esposo en un río sagrado, él se sintió cautivado por la exhuberante belleza de una prostituta llamada Laksahira. Su nombre indi­caba que poseía el brillo y la belleza de cien mil diamantes. El brahman leproso se sintió irresistiblemente fascinado por ella.
Al regresar al hogar, su casta esposa pudo detectar alguna insatisfacción en su esposo y preguntó:
- ¿Por qué te sientes tan infeliz?
- Sentí atracción por la belleza de esa prostituta. No puedo apartar mi mente de ella -contestó el esposo.
- ¡Oh! ¿La quieres?
- Sí, la quiero.
- Entonces trataré de hacer los arreglos.
Debido a que era muy pobre, la casta mujer, a pesar de ser una brahmana calificada, comenzó a ir a la casa de la prostituta todos los días para trabajar como sirvienta. Aunque era de linaje aristocrático, aceptó trabajar sin remu­neración alguna. Ella llevaba a cabo sus deberes con tanta diligencia que atrajo la atención de la prostituta, la señora de la casa, quien comenzó a indagar:
- ¿Quién limpia todo de una manera tan pulcra?
 Así llegó a saber que la dama brahmana venía cada mañana y realizaba las tareas domésticas.
- Tratamos de detenerla, pero no hizo caso. Quiere conocerla a usted -dijeron las otras asistentes.
- Está bien. Mañana pueden traerla ante mí.
A la mañana siguiente, cuando fue llevada ante la prostituta, la dama brahmana expuso su motivación interna:
- Mi esposo se siente tan atraído por usted que deseo pueda satisfacerle. Como su devota esposa, quiero que esté satisfecho y ésta es su aspiración. Quiero verle feliz. La prostituta comprendió todo y dijo:
- Bien. Tráelo mañana. Los invito a ambos a cenar en mi casa.
El mensaje le fue transmitido al brahman y ambos fueron al día siguiente. Se prepararon muchos platos adecuados para la ocasión. Fueron servidas dos entradas. Una de ellas era prasada sobre una hoja de plátano acompañado de agua del Ganges en un recipiente de barro, alimentos puramente vegeta­rianos. Al lado, en recipientes de oro y plata, se sirvieron carnes y otros plati­llos opulentos, en un exquisito arreglo de mesa con bellos asientos. De las dos clases de alimentos, una era sattwika pura y la otra rajasika, llena de pasión. Con manos juntas, la prostituta invitó al brahman y a su esposa, señalando:
- Esto es bhagavata-prasada y aquellos son ricos platillos preparados con carnes. Pueden tomar lo que deseen, de acuerdo con su dulce voluntad.
De inmediato, el brahman leproso escogió el prasada y se dispuso a comer. Cuando hubo terminado de tomar prasada, la prostituta dijo:
- Tu esposa es como este prasada, sattvika, y todas estas cosas, rajasikas: Carnes, platillos opulentos, oro y plata, son como yo. Soy muy baja y tu esposa es lo más puro. Tu verdadero gusto se siente atraído por este prasada sattviko.
Externamente la carne es muy vistosa, pero internamente es muy impura e inmunda. Por eso te repugna. Entonces, ¿a qué has venido aquí?
- Sí, estaba equivocado. Dios me ha enviado un mensaje a través de ti. Mi efímero deseo se ha desvanecido y ahora estoy satisfecho. ¡Tú eres mi Guru! – El brahman recobró su sentido común.
Kaviraj Goswami ha citado esta historia en el Chaitanya-charitamrita. La casta mujer fue a servir a una prostituta. ¿Por qué? Para satisfacer a su esposo. De la misma manera, Radharani dice: “Estoy dispuesta a servir a aquellas que pertenecen al campo contrario, si ellas realmente pueden satisfacer a mi Señor. Estoy totalmente dispuesta a servirles, si ellas verdaderamente pueden satisfacer a Krishna. Pero no pueden. Aun así, tienen algún reclamo. Y yo difiero en este punto. No es que me inquiete que mi parte se vea disminuida. Esa no es mi actitud. Cuando se presenta alguna circunstancia desfavorable, siempre pienso que proviene de mí (durdaiva vilasa); no encuentro nada viciado en el exterior”.
Esa debe ser la actitud de un verdadero devoto de Krishna. Con esta disposi­ción, podremos ver dentro de nosotros mismos que en última instancia todo es parte del Bien Absoluto. Aunque no es muy fácil, aun así nuestra energía debe ser dirigida exclusivamente a recabar la buena voluntad de las circuns­tancias externas. Debemos tratar de ver las cosas de tal manera, que se puri­fique nuestra posición.

Visión profunda de la realidad

Y así, el Srimad-Bhagavatam nos anima a profundizar. Debemos tratar de buscar más profundamente y entonces encontraremos a nuestro amigo; si somos liberales en nuestra actitud hacia el medio ambiente, no podremos evitar relacionarnos con el plano que es verdaderamente liberal. Eso es con­ciencia de Krishna en toda su extensión. Si buscamos profundamente en la realidad con una visión de esta naturaleza, encontraremos nuestro verdadero hogar. Prahlada se enfrentó resueltamente a todas las circunstancias adversas y finalmente resultó victorioso. Los cálculos del demoniaco padre de Prahlada acerca del medio ambiente eran falsos, sin embargo, la visión profunda de Prahlada pudo ver la realidad de manera apropiada.
Él vio a Krishna en todas partes. Y la conciencia de Krishna lo rige todo. Así pues, no debemos desanimarnos bajo ninguna circunstancia, no importa cuán grave pueda parecernos. Krishna está allí. Por más que las circunstancias parezcan antagonizarnos, en realidad no es así. Si tan sólo pudiéramos desa­rrollar la visión apropiada, el rostro sonriente del Señor aparecerá tras la pantalla. Y eso es conciencia de Krishna es hermoso y aguarda anhelante para aceptar nuestros servicios.

Dios y sus hombres

Sólo podremos descubrir nuestra riqueza interior con la ayuda de los sadhus, el Guru y las Escrituras. Nuestra visión debería percibir que todo es néctar, pero que hemos corrido una pantalla entre nosotros y el néctar y estamos ingiriendo veneno pensando que es muy provechoso. Por lo general, debemos pensar que no se debe culpar a los demás, y de hecho es la verdad. Nosotros somos responsables de nuestra desgracia, de nuestra caída condi­ción. Y el sendero del perfeccionamiento del propio ser es similar: Tenemos que aprender a hacer un juicio crítico de nosotros mismos y apreciar el medio ambiente. En especial, nuestro aprecio debe ser para Krishna y Sus devotos, y gradualmente para todos los demás. Él no le ha dado a nadie autoridad para hacernos daño. Si así lo parece, sólo es superficial y engañoso. Es falso pensar que alguien puede hacernos mal. Solamente es cierto en el plano superficial. Por supuesto que esto no justifica el hacer daño a otros ni ignorar la opresión; pero desde el punto de vista absoluto, no hay daño alguno. Cuando alcancemos la etapa más elevada de la devoción, veremos que todo es amigable y que nuestro recelo era infundado. Era un concepto erróneo.
El concepto erróneo, maya, significa “aquello que no es” (mriyate anaya). Cuando todo se mide desde el punto de vista del egoísmo y no del interés universal, ello es la causa de todos nuestros problemas. Gradualmente debe­mos comprender: “Mi punto de vista era guiado por consideraciones egoístas, no absolutas. Como resultado de esto, sufro. Sin embargo, ahora he llegado a comprender que mi interés está incluido dentro del interés absoluto”.
Parodiando un viejo refrán: “Un mal trabajador pelea con sus herramien­tas”. Nosotros generamos el medio ambiente de acuerdo con nuestro karma. Aquello que yo culpo fue causado por mi propio karma. Cuando ingiero alimentos, los excrementos vienen como una reacción natural. Sería necedad culpar a los excrementos por hacer su aparición. Es el resultado de haber comido. De forma similar, yo he actuado de diversas maneras y el resultado kármico es mi medio ambiente actual. Así pues, reñir con la reacción de nuestros propios delitos es malgastar inútilmente nuestras energías.
El consejo del Srimad-Bhagavatam debe ser nuestra guía en toda circuns­tancia. Todo lo que nos acontece cuenta con su autorización, con su visto bueno; por lo tanto, sólo puede ser favorable. Todo es perfecto. La única imperfección está en nosotros y por lo tanto, con todas nuestras fuerzas, debemos tratar de cumplir con nuestro deber. En un abrir y cerrar de ojos descubriremos que nos hemos liberado de todos los problemas. Ese es el consejo fundamental del Srimad-Bhagavatam.

La mirada de nuestro guardián

El medio ambiente no está muerto, allí hay un supervisor. Así como el sol se encuentra sobre nuestras cabezas, toda acción está bajo la mirada de nuestro guardián. Esta comparación se da en el Rig Veda: om tad visno paramam padam sada pasyanti suraya diviva chaksur atatam. Debemos abordar cual­quier deber con este pensamiento: “La mirada vigilante de mi guardián está siempre sobre mí, viendo todo lo que hago y todo lo que me acontece. No necesito preocuparme por el medio ambiente ni por las circunstancias”.
Así pues, el Bhagavatam dice: “No te preocupes por el medio ambiente. Cumple con tu deber. Concéntrate plenamente en lo que estás haciendo y en un instante se te librará de la negra caja del ego y te unirás a la corriente universal del canto y la danza, el canto y el regocijo. Podrás entrar en el lila o pasatiempos del Señor”.
Todos nosotros sufrimos por causa de los intereses separados, la acción y la reacción, el bien y el mal, el placer y el dolor, la felicidad y la desgracia; pero en el reino espiritual todo es consciente y plenamente feliz. No sólo se requiere el olvido de sí mismo, sino que se le debe extender una invitación a la buena voluntad del Señor. Nos fundiremos en la corriente de la buena voluntad del Señor. Eso es Vrindavan.
Nuestros guardianes dicen: “Haga esto”, y de acuerdo con nuestra capaci­dad trataremos de cumplir sus órdenes. Y al aceptar que lo que ellos dicen realmente proviene de Krishna, mientras más seguimos sus instrucciones, más beneficio derivaremos. El Srimad-Bhagavatam, el Bhagavad-gita, Los Vedas, Los Upanisads y tantos otros agentes que representan a la Divinidad, nos están ayudando a regresar a nuestro verdadero hogar. En la actualidad, estamos viviendo en diferentes etapas de conciencia de interés separado; pero nuestros guardianes tratan de llevarnos a ese plano superior de movimiento dinámico, lila, para ingresar en los pasatiempos de Krishna.

Ego enemigo, ego verdadero

En este lugar, todas las cosas apenas son un reflejo del mundo perfecto. Originalmente, todo existe allí, incluyendo todas las clases de servicio; pero aquí sólo tenemos un reflejo pervertido. Al dejar atrás este mundo heterogé­neo, no debemos intentar fundirnos en la no conciencia para no experimentar placer o dolor. Actualmente nos encontramos bajo la influencia de nuestro ego enemigo. El ego verdadero existe en el mundo espiritual. Allí encontra­mos toda clase de experiencias, pero llenas de belleza y encanto.
Conciencia de Krishna quiere decir teísmo pleno. Esto significa que podemos tener una relación con el Infinito, hasta el nivel de la relación conyugal. Todo lo que necesitamos para ayudarnos y conducirnos en la dirección correcta en realidad ha de encontrarse en el mundo espiritual en su posición más pura y deseable. Lo que encontramos aquí es una sombra, una oscura imitación. Pero ‘realidad’ quiere decir teísmo pleno, conciencia de Krishna, en donde el Infinito abraza al finito. El Infinito desciende para dar la bienvenida, para abrazar plenamente al finito, eso es Vrindavan. Y teísmo pleno es: Que a través de la conciencia de Krishna, una parte despreciable del finito puede experimentar el bienaventurado abrazo del Infinito. Y en Vrindavan, ningún recodo es despreciado. Allí, cada grano de arena, cada brizna de hierba, está bien representada con personalidad. Aquí hay tantas cosas que son insignifi­cantes, qué decir de una partícula de arena. Sin embargo, en Vrindavan todo recibe atención. Nada es ignorado. Eso es teísmo pleno, como se explica en el Srimad-Bhagavatam (10.21.5): 

varhapidam nata-bara-vapuh karnayoh karnikaram
bibrad vasah kanaka-kapisam vaijayantin cha malam
randhran venoradhara-sudhaya purayan gopavrindair
vrindaranyam swa-pada-ramanam pravisad gita-kirtih

Sukadeva Goswami le revela algo asombroso a Pariksit Maharaj. Cuando Krishna entra al bosque en Vrndavan, por el contacto de las plantas de Sus pies de loto, la tierra experimenta el placer de Su abrazo, el abrazo personal de la Dulzura Absoluta (vrindaranyam swa-pada-ramanam). ¡Es inconcebible! ¡Por el contacto de los pies sagrados de Krishna, la arena y la tierra experimen­tan el placer de la relación conyugal! Glorificado por Sus amigos los pastorci­llos de vacas, Él entra en el bosque de Vrindavan y la tierra, el bosque y todo lo que se pone en contacto con Él, experimenta un placer superior e íntimo, en el máximo grado de felicidad.

 

Relación conyugal

En Vrindavan, la tierra experimenta el humor conyugal. El Vrindavan-lila de Krishna es tan maravilloso, que incluso Brahma, el creador del universo, expresó: “¿Cómo podría comprenderte mi Señor? Conozco algo acerca de mi Señor Narayan, quien está cerca de mí. Él y yo tenemos una relación directa de manera que yo pueda llevar a cabo mis deberes oficiales. Pero Tú has entrado en mi círculo y no puedo comprenderte. ¿Qué es esto?” Brahma hizo cuanto pudo para probar a Krishna, secuestrando a Sus amigos pastores de vacas y a los terneros; pero quedó asombrado al descubrir que: “Aunque los he sustraído, todo permanece igual que antes; Krishna continúa rodeado de Sus amigos y terneros, dedicados a Sus placenteros pasatiempos. Él es Infinito. Incluso en mi calidad de señor del universo, mi interferencia no ha podido desordenar lo que está bajo Su control. Por Su dulce voluntad, Él dirige Su juego. Yo traté de probarlo, pero ahora estoy perplejo debido a Su inconce­bible potencia. No puedo comprender que aunque aparenta ser un pastorcillo de vacas humano, Él no es otro que el Supremo por excelencia, más excelso incluso que el Señor Narayan”. Él imploró a Krishna: “Ahora he vuelto a mis cabales; por favor perdóname mi Señor”.
¿De qué nos sirve una partícula de inteligencia? ¿Hasta dónde podría medir ella al Infinito? Sri Chaitanya Mahaprabhu dice: “No trates de aplicar tu cere­bro al Infinito. El cerebro no es una unidad de medida en ese plano. Tu inte­lecto es anulado por el Infinito. Trata de medirlo únicamente con el sentimiento, con el gusto, con el corazón; el cerebro será tu enemigo. Siempre te defraudarán sus cálculos y eso te perturbará y limitará tu progreso”.
Sólo la fe puede ayudarnos. De otra manera, nada puede alcanzar ese plano. Sólo podemos llegar al sol o a la luna con la ayuda de tecnología avanzada. No podemos alcanzarlos con la mano ni con una larga vara. De la misma manera, sólo la fe puede ayudar a vincularnos con la Realidad Suprema. La fe es el medio más amplio. Pero incluso la fe es insignificante si consideramos cuán elevado es aquello con lo cual deseamos vincularnos, la suprema causa de todas las causas.
Somos almas diminutas. ¿Cuánto podríamos acomodar con nuestra fe? ¿Cuán extensa y abarcante es nuestra fe? ¿Cuánto podemos capturar dentro de nuestra fe? Lo que estamos buscando es infinito y tenemos tanto miedo: “¡Oh, si confío en la fe, algo puede salir mal! Puedo resultar defraudado”. ¿Pero cuánta fe podemos encerrar en nuestros diminutos corazones? Sólo mediante la analogía con el cielo o el océano podemos comprender algo acerca del Infinito; pero ¿qué es eso en comparación? Nada.
Por último, ¿qué es el Infinito? Aquello desde donde todo emana, que todo lo sostiene y adonde finalmente todo regresa; el Absoluto que todo lo abarca, que todo lo penetra, que todo lo controla, que todo lo atrae, que todo lo siente.
Así pues, el Infinito y el medio ambiente están bien. Somos nosotros los únicos que debemos corregirnos, adaptarnos. Esta es la conclusión: “Trata de adaptarte. Todo el medio ambiente está bien. Deja todo al Señor Supremo y compórtate de conformidad”. Eso nos traerá la paz verdadera y una progre­siva realización en la vida espiritual.

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